mercredi 29 septembre 2010

Con sus pies descalzos
sobre un desgastado tablao;
con la saliva en los labios
todavía chorreando...

vuelve a coger la guitarra,
siente de nuevo a su espalda
los azulejos tintados que aún no ha olvidado;
helados también hoy, al igual que antaño...

y recorre una vez más las escalas conocidas,
los intervalos que ansían fundirse en la melodía...
y resuenan como siempre las olas en las rocas;
que mientras todos a su alrededor se colocan,
este ser, simplemente

toca
A ratos hundido en el fango
de largos y henchidos descalabros
Por momentos, simple arrebato
dándolo todo por nada o por algo.

Desarraigado,
aloja una nueva bala en su hígado
despoja su cama de futuro
y, con cansancio,
agota el disimulo y se extingue una vez más
a solas, como todos los demás.